Después de varios años de matrimonio descubrí una nueva manera de mantener viva la chispa del amor. Desde hace poco había comenzado a salir con otra mujer, en realidad había sido idea de mi esposa.
Tu sabes que la amas me dijo un día, tomándome por sorpresa. La vida es muy corta, dedícale tiempo.
Pero yo te amo a tí - protesté. Lo sé. Pero también la amas a ella.
La otra mujer a quien mi esposa quería que yo visitara, era mi madre, viuda desde hace unos años, pero las exigencias de mi trabajo y mis hijos hacían que sólo la visitara oasionalmente.
Esa noche la llamé para invitarla a cenar y al cine. ¿Qué te ocurre? ¿Estas bien? me preguntó Mi madre es el tipo de mujer que una llamada tarde, en la noche o una invitación sorpresiva es indicio de malas noticias.
Creí que sería agradable pasar algún tiempo contigo, le respondí.
!Los dos solitos!. ¿Que opinas? Reflexionó sobre ello un momento. Me gustaría muchísimo, dijo.
Ese viernes mientras conducía para recogerla después de mi trabajo me encontraba nervioso, era el nerviosismo que antecede una cita...y ¿Por Dios, cuando llegué a su casa, vi que ella también estaba muy emocionada!.
Me esperaba en la puerta con su viejo abrigo puesto, se había rizado el pelo y usaba el vestido con el que celebró su último aniversario de bodas, su rostro sonreía, irradiaba luz como un ángel.
Les dije a mis amigas que iba a salir con mi hijo y se mostraron muy emocionadas- me comentó mientras subía a mi auto - No podrán esperar a mañana para escuchar acerca de nuestra velada.
Fuimos a un restaurante no muy elegante, pero si muy acogedor, mi madre se aferró a mi brazo como si fuera "La Primera Dama de la Nación".
Cuando nos sentamos tuve que leerle el menú. Sus ojos sólo veían grandes figuras. Cuando iba por la mitad de las entradas, levanté la vista; mi mamá esta sentada al otro lado de la mesa y sólo me miraba.
Una sonrisa nostálgica se le delineaba en los labios.
Era yo quien te leía el menú cuando eras pequeño Recuerdas?
Entonces es hora de que te relajes y me permitas devolver el favor respondí.
Durante la cena tuvimos una agradable conversación, nada extraordinario, sólo ponernos al día uno con la vida del otro.
Hablamos tanto que nos perdimos en cine.
Saldré contigo otra vez, pero sólo si me dejas invitar, dijo mi madre cuando la llevé a su casa, asentí, la besé, la abracé. ¿Cómo estuvo la cita? - quiso saber mi esposa cuando llegué aquella noche.!
Muy agradable, gracias, Mucho más de lo que imagine, le contesté.
Días mas tarde mi madre murió de un infarto masivo, todo fue tan rápido, no pude hacer nada.
Al poco tiempo recibí un sobre del restaurante donde habíamos cenado mi madre y yo y una nota que decía: "La cena está pagada por anticipado, estaba casi segura que no podría estar allí, pero igual pagué para dos, para ti y tu esposa, jamás podrás entender lo que aquella noche significó para mi. ¡Te amo!.
En ese momento comprendí la importancia de decir a tiempo "TE AMO" y de darles a nuestros seres queridos el espacio que se merecen; nada en la vida será más importante que Dios y tu Familia, dales tiempo porque ellos no pueden esperar.
Si vive tu madre, disfrútala....
Si no......... Recuérdala...............
Y Recuerda siempre: Dios perdona, pero ¡El tiempo nunca!.
"Era una pareja extraordinaria, atrapada en un mundo ordinario, donde los convencionalismos sociales importan más que el encuentro de dos almas gemelas"
Autor: Ray Bradbury.
Cuando Ann Taylor llego a trabajar a la escuela de Green Town, el verano en que cumplía veinticuatro años, Bob Spaulding iba a cumplir catorce. Era una de esas maestras a la que todos los niños deseaban llevarle de regalo naranjas enormes o flores rosadas. La veían siempre pasar por las calles los días en que la sombra era verde bajo los túneles que formaban las frondas de los robles y los olmos. Como esos lozanos duraznos del estío entre las nieves del invierno, y como leche fresca para el cereal del desayuno en una cálida mañana de principios de junio. Y los raros días del año en que el clima estaba en perfecto equilibrio, tan serenos cual una hoja atrapada entre leves vientos que soplan con benevolencia, eran días cono Ann Taylor, y en el calendario debieron haberse llamado como ella.
Bob Spaulding, por su parte, era el muchacho solitario que paseaba por el pueblo en cualquier atardecer de octubre, seguido por un remolino de hojas, tal como una horda de ratones de otoño. O se le podía ver, como un lento pez blanco, en las revueltas aguas oscuras del riachuelo, u oír su voz en aquellas copas de los arboles donde el viento dialogaba con las frondas, y allí acudía, solo, a contemplar el mundo.
Aquella primera mañana que la señorita Ann Taylor entro y escribió su propio nombre en el pizarrón, el aula pareció inundarse de luz, de pronto, como si le hubiesen quitado el techo. Bob escondían la mano una pelota de papel con intención de arrojarla, pero la dejo caer al piso. Terminada la clase Bob Spaulding consiguió un cubo de agua y un trapo, y empezó a lavar el pizarrón.
¿Qué haces? –le pregunto la maestra, levantando la vista desde su escritorio, donde estaba corrigiendo unos ejercicios de gramática.
El pizarrón esta un poco sucio. Supongo que debí pedirle permiso –musito el chico, sin acertar a completar la frase.
Bueno supongamos que lo pediste –contesto Ann, sonriendo, y mientras ella sonreía, el muchacho termino a toda velocidad la limpieza del pizarrón e hizo chocar entre si los borradores tan furiosamente, que el aire pareció de pronto llenarse de nieve.
A la mañana siguiente, Bob apareció por casualidad frente al lugar en que se alojaba la maestra, en el momento en que salía rumbo a la escuela.
Pues... ¡Hola!, aquí estoy –fue el saludo del adolescente.
¿Sabes que? No me sorprende verte.
¿Puedo llevarte tus libros?
Sí gracias Bob.
Caminaron juntos unos cuantos minutos. Ella vio de reojo lo tranquilo que el se mostraba, lo feliz que parecía. Al llegar a las inmediaciones de la escuela, Bob propuso:
Mas vale que la deje aquí. Los muchachos no lo entenderían. Bueno... creo que yo tampoco lo entiendo –respondió la señorita Taylor.
¡Vaya, somos amigos! –agrego Bob, muy serio como si fuera lo mas natural del mundo.
La maestra empezó a decir:
Bob –pero se interrumpió -: No... nada –y se alejo.
Y allí estuvo el muchacho en clase, y después de clases, las dos semanas siguientes, siempre sin decir palabra, limpiando el pizarrón mientras ella trabajaba. Y allí estaban el silencio del Sol poniente en el cielo lento, y el leve ruido de los papeles y el rasgueo de la pluma. En ocasiones el silencio se prolongaba casi hasta las 5, cuando la señorita Taylor levantaba la vista y lo veía en el ultimo asiento, contemplándola en silencio, esperando.
Bueno, es hora de ir a casa –anunciaba la maestra.
Entonces, el chico iba corriendo por el sombrero y el abrigo de la joven. Caminaban lado a lado por el patio desierto y hablaban de todo lo habido y por haber.
Por ejemplo:
Bob, ¿a qué piensas dedicarte cuando seas mayor?
Seré escritor.
¡Ah! ¡Ese es un sueño muy alto!
Si; lo sé. Pero voy a intentar realizarlo. He leído mucho, y... Se quedo pensativo un momento y luego le pregunto: ¿Podría hacerme un favor señorita Taylor?
Depende...
Todos los sábados paseo por el rio, hasta el lago. Hay allí muchas mariposas y cangrejos. ¿Le gustaría ir conmigo?
No; no podré ir. Tengo que hacer...
El chico estuvo a punto de preguntarle qué, mas no se atrevió. llevo emparedados de jamón y pepinillos y refrescos, y regreso a casa alrededor de las 3. Me gustaría que usted fuese allí conmigo este sábado.
- no, Bob; gracias. Quizás en otra ocasión.
No debí pedírselo, ¿verdad?
Tienes todo el derecho a pedirme lo que quieras.
Pocos días después, la joven le dio un ejemplar de Grandes esperanzas, de Charles Dickens. Él paso toda la noche leyéndolo, y a la mañana siguiente comentaron la obra.
Cada día, Bob esperaba a la maestra. Muchas veces, la señorita Taylor estuvo a punto de ordenarle que ya no fuera a esperarla, pero no tuvo el valor de hacerlo.
Hablaban de Dickens, de Kipling y de Poe, camino de la escuela y de regreso. Pero le era imposible interrogarlo en el aula. Vacilaba y pronunciaba otro nombre. Tampoco le dirigía la mirada cuando caminaban. Pero varios atardeceres, mientras él movía los brazos ante el pizarrón, borrando los símbolos aritméticos, la maestra inadvertidamente, lo contemplaba breves segundos.
Luego, un sábado por la mañana, Bob se hallaba en mitad del arroyo, con el pantalón remangado hasta las rodillas, inclinándose para agarrar un cangrejo, cuando alzo la vista y la vio.
Bueno, aquí estoy –dijo Ann, riendo.
¿Sabes que? No me sorprende...
Enséñame los cangrejos y las mariposas.
Bajaron hacia el lago y se sentaron en la arena, mientras una brisa tibia soplaba suavemente, agitando los cabellos de ella y su blusa; el muchacho se acomodo a unos cuantos metros y comieron los bocadillos de jamón y pepinillos y bebieron en actitud solemne el refresco de naranja.
Nunca pense que vendría a un día de campo como este...
¿... Con un muchacho de mi edad?
Hablaron muy poco el resto del paseo.
Todo esto esta mal –comento el chico poco después -. Y no entiendo por qué. Solo caminamos juntos y atrapamos mariposas y cangrejos. Pero mis padres se burlarían de mí si se enteraran, y los muchachos también. Y los otros maestros se reirían de usted, ¿verdad?
Creo que si. No me explico exactamente por que vine.
Y eso fue todo lo que hubo en la reunión de la señorita Ann Taylor y Bob Spaulding: dos o tres mariposas monarca, un libro de Dickens, doce cangrejos, cuatro emparedados y dos refrescos de naranja.
El lunes siguiente, aunque espero largo rato, Bob no la acompaño a la escuela. Ella se le había adelantado. Aquel día, por la tarde, la maestra se ausento mas temprano, pues le dolía la cabeza.
Pero al día siguiente, después de clases, volvieron a encontrarse en el aula silenciosa: el lavando el pizarrón apaciblemente, y ella afanada con sus papeles, cuando de pronto el reloj del tribunal dio las 5. Su gran clamor de bronce hacia estremecer a quienes lo oían, y todo el mundo sentía haber envejecido en un minuto. La señorita Taylor dejo la pluma en el escritorio y dijo:
Bob, ven aquí.
Si, señorita –el muchacho dejo el borrador y se le acerco. Ann lo miro fijamente hasta que el aparto la mirada de ella.
Bob, no se si sepas de que quiero hablar contigo.
Si –repuso el discípulo, luego de una breve reflexión -: acerca de nosotros.
¿Cuántos años tienes Bob?
Voy a cumplir catorce.
¿Sabes cuantos tengo yo?
Si, señorita Taylor: he oído decir que tiene usted veinticuatro.
Yo tendré veinticuatro dentro de diez. A veces, me siento como de veinticuatro años.
Si; y a veces actúas como si los tuvieras.
¿De veras?
Ahora, siéntate y escúchame. Es muy importante que entendamos lo que esta ocurriendo. Primero reconozcamos que somos los mejores amigos del mundo. Nunca he tenido un amigo como tu, ni jamas he sentido tanto afecto por ningún muchacho.
Se ruborizo al oír esto. Ella continuo:
y déjame hablar por ti. Me consideras la maestra mas simpática que hayas tenido.
¡Ah! Mas que eso...
Quizás mas que eso. Pero hay hechos a los que debemos enfrentarnos: el pueblo y su gente, y tu y yo. He pensado mucho en esto, Bob. No creas que no se lo que siento. En ciertas circunstancias, nuestra amistad seria extraña. Pero tu no eres un muchacho común, y se que yo no estoy enferma, ni mental ni físicamente; que lo ocurrido aquí se debe a una justa apreciación de tu carácter y de tu bondad. Pero estas cosas no ocurren en este mundo, a menos que se refieran a un hombre de cierta edad. No se si estoy expresándome bien...
Si yo tuviera diez años mas y cuarenta centímetros de estatura, todo será distinto.
Ya se que todo esto parece tonto. Te sientes ya mayor, actúas con rectitud y no tienes nada de que avergonzarte. Quizás llegue el día en que la gente juzgue a la persona por su intelecto, tan bien, que diga: “Este es un hombre, aunque su cuerpo solo tiene trece años, y como todo un hombre, conoce sus responsabilidades”. Pero, hasta entonces, hemos de seguir viviendo según las edades y estaturas, en un mundo ordinario.
Eso no me gusta nada.
Tal vez tampoco a mi, pero de verdad no hay nada que podamos hacer al respecto.
Si; ya lo sé.
Debemos decidir que hacer. Puedo solicitar que me cambien de esta escuela a otra...
No es necesario que lo haga. Pronto nos mudaremos. Mi familia y yo iremos a vivir a otra parte.
No tendrá que ver con todo esto ¿verdad?
No; no. Mi padre tiene un nuevo empleo allá. queda solo a unos ochenta kilómetros de aquí. ¿Me permite visitarla cuando venga al pueblo?
¿Crees que seria conveniente?
No; supongo que no –concluyo el.
Siguieron sentados un rato, en aquella aula silenciosa.
¿Cuándo paso todo esto? –pregunto el muchacho, en tono desconsolado.
No lo se. Nadie puede saberlo. Nadie lo ha sabido desde hace miles de años. A veces ocurre que dos personas se gustan, aunque no debieran gustarse. No podría explicarlo.
Por ultimo añadió:
no olvides lo que te voy a decir. Existen compensaciones en la vida. En este momento no te sientes bien, y yo tampoco. Pero con el tiempo sucederá algo que nos consolara. ¿De acuerdo?
Me gustaría creerlo. Y ... ¿Si me esperara usted? –musito.
¿Diez años?
Para entonces, ya tendré veinticuatro años.
Si; pero yo tendré 34, y tal vez seré una persona diferente. No, no puede ser...
Bob permaneció sentado, en silencio, un largo rato, luego sentencio:
Jamas la olvidare.
Si; me olvidaras.
Encontrare la manera de recordarla siempre –concluyo el adolescente.
La maestra se levanto y fue a borrar el pizarrón.
Permítame ayudarla.
No; no –protesto Ann con firmeza -. ¡Vete a casa!
El muchacho salió de la escuela. Mirando hacia atrás, vio por la ventana a la señorita Taylor borrar lentamente el pizarrón.
A la semana el se mudo, y estuvo lejos del pueblo dieciséis años. Aunque solo distaba ochenta kilómetros de allí, jamas volvió hasta que tuvo treinta años y ya estaba casado. Un día de primavera, Bob y su esposa pasaron en auto por el pueblo camino hacia otra ciudad, y se detuvieron a descansar un día.
Bob instalo a su mujer en el hotel, vagabundeo por el pueblo y, por ultimo, pregunto por la señorita Ann Taylor.
¡Ah, si! La maestra bonita. Murió en 1936, no mucho después de que tu te fuiste.
- ¿Sabe usted si se caso?
No, no; recuerdo que murió soltera.
Bob se dirigió al cementerio y encontró su tumba, en cuya lapida leyó: “Ann Taylor. Nació en 1910. Falleció en 1936”. Y penso: veintiséis años de edad. ¡Vaya! Ahora tengo cuatro años mas de edad que usted, señorita Taylor.
Mas tarde, aquel mismo día, los pueblerinos vieron a la esposa de Bob caminar por las calles para reunirse con el bajo los olmos y los robles. Era una mujer como los mas lozanos duraznos de estío en las nieves de invierno; como leche fresca para el cereal de desayuno en una cálida mañana en el principio de verano. Y fue uno de los raros días en que el clima estuvo equilibrado como una hoja entre gratos vientos que soplan con benevolencia; uno de esos días que debían llamarse –todos estuvieron de acuerdo- como la esposa de Robert Spaulding.
Un lindo poema con musica de los 80...
Necesito estar cerca de alguien
para tener felicidad y alegría
tú eres ese alguien
con quien me siento bien y soy feliz.
Quisiera que estemos mas cerca
y para que sea posible
debemos llegar a un convenio.
Sé que necesito cambiar,
pero para poder cambiar, esa decisión debe ser mía.
si cambio, solo como tu crees que debo cambiar
ello construirá una pared entre nosotros;
y no estaré contento conmigo mismo.
En cuanto a quien obedece a quien,
no quiero que nadie ande manejando mis actos
y haré todo lo posible por no manejar tu vida
No necesito que me hieras con palabras
o hagas bromas a costa mía.
Yo sé que tu tienes sentimientos especiales sobre cada cosa y deseo que me digas todo lo que sientes, todo lo que esperas y todo lo que deseas.
Tratare de escuchar tus sentimientos, tus deseos y
tus necesidades, y, al mismo tiempo, tratare de hacerte saber que te escucho.
Tratare de hacerte saber cuando yo no este en condiciones de hacer todo lo que tu esperas o quieras que yo haga.
Tratare de decirte por que no puedo hacerlo, sin sentirme culpable y sin enojarme.
Tratare de darte ternura cuando estemos juntos, incluso en aquellos momentos en que estés hiriéndome.
Tratare de que puedas realizar tus propias cosas, sin ponerte limites en lo que te sientas atrapado.
Cuando quiera que sea posible hacer algo juntos y ambos queramos hacerlo, hagámonos.
Tratare de tener contigo tanta honestidad como toda la que yo puedo dar. y ser ese tipo de persona en la que tu puedas confiar.
Necesito reír contigo, pero no, que te rías de mí.
Cuando yo abra mi corazón contigo y te cuente todo lo que siento, eso sera muchas veces, como entregarte un pequeño animalito recién nacido.
Por favor, toma esto con cariño y trátalo con mucho cuidado.
Si estas palabras dicen algo,
que es verdadero también para ti,
hagamos un convenio
e intentemos convertirlo en realidad.
Anónimo
Family Ties' Alex P. Keaton and Ellen Reed
Como debemos manejar una relacion en internet ya sea romantica o simplemente de amistad
A fuerza de hablar de amor, uno llega a enamorarse. Nada tan fácil. Esta es la pasión más natural del hombre.
Blaise Pascal
Ojala tengan presente que el orgullo puede matar una linda amistad y quizas algo mas...
Joe Cocker - With a Little Help From My Friends (Woodstock)
Una reflexion sobre el amor con musica de Wagner.
Muchas personas creen que es fácil amar y que solo necesitan encontrar a alguien quien amar. Peor aún, piensan que el problema está afuera y que lo que necesitan, es hallar a alguien que los ame.
El amor, siendo algo tan importante, pensamos que hay que dejarlo a la deriva, que ya se aparecerá el hombre o la mujer de mi vida.
Lo curioso, es que no operamos de la misma forma en otros ámbitos.
Por ejemplo, si quieres ser el mejor estudiante de tu clase, sabes que no lo dejas a la deriva. Cuestionas, investigas y pruebas formas de estudio para aprender y ser el mejor.
Si quieres ser el mejor bailarín de salsa, tienes que experimentar, equivocarte muchas veces y quedarte con tus mejores pasos.
Y en el amor, que es la meta que muchos anhelamos, creemos que solo debemos acostarnos en la hamaca y mecernos. El amor llegará solito.
Pensar que solo necesito una persona por la que sienta amor, equivale a pensar que voy a ser un magnífico guitarrista sin estudiar los principios básicos para tocarla, y que solo necesito la mejor guitarra. Y cuando la tenga…. ¡voy a tocar la quinta sinfonía de Beethoven!
Ilógico ¿verdad?
En el amor, primero tienes que comprender los principios básicos y la naturaleza humana.
¿Por donde empiezo Edgar? Debes empezar por ti. Muchas veces juzgas a tus candidatos o parejas, por lo que has observado en tu familia. Por ejemplo, piensas que si tu papá trata mal a tu mamá, es así en todas las relaciones. Y por eso dices que el matrimonio no es para ti. Si tu tía Juana te dice “Mira mi niña, los hombres solo lo que quieren es acostarse contigo” vas a ir con esa etiqueta y con esos lentes vas a ver a todos los hombres.
“Mira hijo, las mujeres son interesadas, con dinero ¡hasta baila el perro!” y como hombre, piensas que las mujeres solo piensan en tu billetera. Si tienes una baja autoestima, producto de la falta de atención de tus padres desde la niñez, vas a ir a una relación con la etiqueta de que no mereces ser amada, inconscientemente te saboteas, y cuando un hombre te trata bien, piensas que tiene muy mal gusto por haberte elegido ¡y lo acabas dejando! Eres hija de la mala vida, no cabe duda…
También, la falta de autoestima, hace que no desees pelear con tu pareja “para que vea que soy un amor” lo que no sabes, es que al no platicar acerca de las diferencias, estas se van acumulando en un “costalito” invisible que llevas a tus espaldas y ocurre que un solo problema menor, hace que ya no soportes la carga, le arrojas el costal a la cara ¡y le lees la lista de navidad!
Tu pareja se quedará sorprendida por el pequeño problema por el que te enojas. No es el pequeño problema. Es el cúmulo de todos, y que con uno más ya no aguantaste.
Pero también puede ocurrir que tengas tu costalito, y que tu pareja ni siquiera te de la oportunidad de arrojárselo. Se va de tu vida antes ¿por qué? Te guste o no, los problemas son la sal de la vida. Si no hay diferencias y diálogo, tu pareja se aburre, no encuentra ninguna emoción en ti, ya que a todo dices “si” y se va ¡pero si yo le aguantaba todo! me vas a decir. No debiste hacerlo. Tu pareja te hubiera agradecido más que le dijeras lo que no te gustaba de la relación, para que trabajaran juntos en ella.
Por eso, debes ir al encuentro del amor con total apertura ante la vida. Debes liberarte de las cadenas de las experiencias del ayer. Porque si juzgas con los lentes del pasado a tus parejas, no te permitirán apreciar la gran oportunidad que tienes en estos momentos ante ti.
Dicen que, debes en cuando, pasa un centímetro cúbico de la suerte delante de nosotros. Que debemos estar alerta para que, cuando este aparezca justo delante de nuestros ojos, atraparlo y no dejarlo ir.
Alguna persona decía que no ha vivido 25 años, sino que ha vivido el mismo día durante 25 años.
Y tú ¿Has vivido 10 relaciones diferentes o la misma relación 10 veces? Porque si repites una y otra vez las mismas experiencias, significa que hay algo en ti que tienes que liberar. Significa que juzgas a las personas con tus experiencias del ayer. Abrete a la posibilidad, desde el fondo de tu corazón, de que esa persona puede ser diferente. Y conócela. No trates de ver características de otras parejas en ella.
Por ejemplo, tuve una novia que quise mucho. Pero tuvo muchas parejas antes de mí y me veía a la luz de sus experiencias del ayer. En cierta ocasión le di un regalo, porque tenía ganas. Y me dijo “me da la impresión de que eres como mi ex novio Jorge, él me quería comprar con obsequios” ¿¿?? Fue la cara que puse. Yo siempre he querido que una mujer me aprecie por lo que soy. No comprarla con regalos, porque no sería un amor sincero. Tampoco, por mi dinero.
Me quedaba claro que me veía con los lentes de sus experiencias pasadas. No se había ocupado en conocer al verdadero Edgar.
El colofón llegó cuando, semanas antes de terminar, me dijo “mi ex novio Alberto me dijo que por él no había problema, que aunque tuviera novio (yo) podíamos seguirnos viendo, tener intimidad…” Bueno, yo asumí que había “rechazado” esa proposición indecorosa y que por eso me lo estaba compartiendo.
Aunque ahora me queda la duda de si la rechazó. Cuando terminamos ¿Qué crees? Me dijo “te propongo que nos veamos cuando tengamos ganas” lo que para mi traducido era “quiero verte cuando tenga ganas”, pero cuando siguió hablando… ¡me quedé estupefacto! ¡me estaba haciendo exactamente la misma proposición indecorosa que su ex novio Alberto le había hecho a ella!
Guardé silencio. No respondí nada. “Bueno, si tu quieres…”. Seguí sin responder nada. Estaba decepcionado. Comprendí que ella nunca me había conocido como soy. Estaba tan ocupada en sus problemas y sus deseos egoístas, que nunca me conoció. Si lo hubiera hecho sabría de antemano que esa proposición indecorosa me era inaceptable. Mi novia lo tiene todo. Mi amiga… solo mi amistad.
Obviamente rechacé su oferta.
Moraleja:
tienes que cambiar desde el fondo de tu ser. Dejar de juzgar a tus parejas o candidatos por características físicas del hombre ideal, que son más producto de la mercadotecnia que de la realidad. Deja de ver experiencias del pasado en tu relación de hoy. Una persona puede tocar tu alma y no tiene nada que ver con tu tipo de hombre o mujer ideal. Tampoco, con las malas experiencias del ayer.
Tiene que ver con la sintonía de dos almas que se encuentran y se reconocen. El cuerpo es solo un vehículo. Y cuando limpies tu alma de bloqueos, verás la vida como es y a tus parejas como son. Verás a las claras sus defectos y sentirás amor por ellas.
Comprensión e interés sincero por la vida de tu pareja, es esencial para experimentar el amor verdadero.
Si dominas este arte, serás como un guitarrista que no importa la guitarra que tenga entre sus manos ¡hará salir de ella melodías de ángeles!
Muchas de nuestras parejas que rechazamos por razones superficiales, fueron aceptadas y son felices con otras personas que las ayudaron a superar sus miedos y sacaron música de ellas. No sabías que el problema era tu falta de habilidad para extraer las mejores melodías de su corazón.
Ya lo sabes. De ahora en adelante, quítate los lentes oscuros, libérate de las cadenas del pasado ¡y extrae las mejores canciones del corazón de tu pareja!
Colaboración de Edgar Martínez
México
Un lindo tema de Dvorak, con un lindo poema de despedida.
A. Dvorak - Slavonic dance No. 2 in E minor op. 72
Alguna vez pensaste como seria ser excelente?
Ser excelente es hacer las cosas, no buscar razones para demostrar que no se pueden hacer.
Ser excelente es comprender que la vida no es algo que se nos da hecho, sino que tenemos que producir las oportunidades para alcanzar el éxito.
Ser excelente es trazarse un plan y lograr los objetivos deseados a pesar de todas las circunstancias.
Ser excelente es saber decir: "me equivoqué" y proponerse no cometer el mismo error.
Ser excelente es levantarse cada vez que se fracasa, con un espíritu de aprendizaje y superación.
Ser excelente es reclamarse a sí mismo el desarrollo pleno de nuestras potencialidades, buscando incansablemente la realización.
Ser excelente es entender que a través del privilegio diario de nuestro trabajo podemos alcanzar la realización.
Ser excelente es ser creador de algo, un sistema impuesto, una empresa, un hogar, una vida..
Ser excelente es ejercer nuestra libertad y ser responsable de cada una de nuestras acciones.
Ser excelente es levantar los ojos de la tierra, elevar el espíritu y soñar con lograr lo imposible.
Ser excelente es trascender a nuestro tiempo legando a las futuras generaciones un mundo mejor...
Carlos Fraga
"Si al franquear una montaña en la dirección de una estrella, el viajero se deja absorber demasiado por los problemas de la escalada, se arriesga a olvidar cual es la estrella que lo guía"
-Antoine de Saint-Exupéry
Algunos consejos que te haran ser mas feliz 
1.La verdadera felicidad está en las pequeñas cosas: Una pequeña mansión, un pequeño yate, una pequeña fortuna...
2.Algunas personas están vivas solamente porque el asesinato es ilegal.
3.Si buscas una mano dispuesta a ayudarte, la encontrarás al final de tu brazo.
4.El que nace pobre y feo, tiene grandes posibilidades de que, al crecer, se le desarrollen ambas condiciones.
5.Si la vida te da limones, pide sal y tequila...
6.Pez que lucha contra la corriente, muere electrocutado.
7.Tener la conciencia limpia es signo de mala memoria.
8.El que es capaz de sonreír cuando todo le está saliendo mal, es porque ya tiene pensado a quién echarle la culpa.
9.El que se ríe al último, es porque piensa más lento.
10.El tiempo es el mejor maestro; desgraciadamente, mata a todos sus alumnos.
11.Si no puedes convencerlos, confúndelos.
12.El amor eterno dura tres meses.
13.Hay un mundo mejor, pero es carísimo.
14.La esclavitud no se abolió, se cambió a 8 horas diarias.
15.Si la montaña viene hacia ti ... corre echo máquina.... ¡Es un derrumbe!
16.La psiquiatría/psicología es el único negocio donde el cliente nunca tiene la razón.
17.Y, finalmente, no te tomes la vida tan en serio, al fin y al cabo no saldrás vivo de ella.